La fiesta comunitaria en Jaltepec de Candayoc, Mixe.
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PobreEl mejor 
Escrito por José de Jesús Maldonado García   
Jueves 24 de Mayo de 2012 13:22

La fiesta empieza con una oración en un pequeño altar de una casa, donde la familia pide a Dios y a la madre tierra para que todo salga bien.  Lo religioso es el centro y se traduce en la fiesta como la comunalidad que es  lo que sobresale, lo que se ve a lo largo de toda la fiesta. Son aspectos comunitarios, que se fortalecen  con lo religioso y que pertenecen a lo más profundo de la cultura de los habitantes de esta región de Jaltepec. Hoy se le llama comunalidad y  se vive como una enorme fraternidad.

 

Mirando desde las otras comunidades donde no se vive conforme a los usos y costumbres, lo que sucede en la fiesta del pueblo, es que se desborda la fraternidad y se comparte lo que se tiene. Es obediencia a la comunidad, pero también es compartir solidariamente. Valores todos que se mantienen en medio de un mundo individualista, egoísta y materialista, donde lo privado es el centro y el negocio; la acumulación de dinero lo que cuenta.

 


La realización de la fiesta es posible porque hay unas autoridades que sienten el gusto de la fiesta. Se hace realidad porque  la asamblea  nombra a  un  mayordomo,  y porque  a los cientos de hombres y mujeres que trabajan  en el silencio preparando  los tamales, el atole, porque  lavan las enormes tinas donde se cuece la carne así como  cientos de platos y vasos;  porque además barren limpian y acomodan. Todo esto sin querer sobresalir, sino por servir  en el anonimato. Hay también muchos que participan en los juegos, en el jaripeo y le dan brillo a la fiesta.

 

También, es posible la fiesta porque que hay mujeres que año con año participan en la regada de la fruta y se ponen sus mejores vestidos regionales. Todo esto por gusto, para hacer posible que todo el que quiera ir a comer lo pueda hacer, que todo el que quiera divertirse y bailar, lo haga.


La casa del mayordomo queda abierta para todos, el pueblo queda invitado y por supuesto que el mayordomo no tiene ni la menor duda de que todos pueden comer  y que alcanzará la comida para recibir a todos los visitantes. Esto es el tequio y la llamada mano vuelta. Esto es lo que se ve muy poco en las ciudades, sólo en las comunidades más pobres, donde están los indígenas que han ido a vivir a la ciudad. Sólo los pueblos indígenas donde se vive según los usos y costumbres, han mantenido estas hermosas tradiciones. 


Los alferez  que dan de comer a jugadores y  músicos lo hacen por gusto, por obedecer a las autoridades, por compartir el gusto de la fiesta, porque es la costumbre.


La música es otro elemento  central. Las bandas participan activamente en las fiestas por hermandad, por compartir la fiesta, por aportar alegría desde la música. Las autoridades acompañan por respeto y solidaridad a los músicos. Las bandas invitadas llegan y no dejan de tocar y alegrar todas las actividades que se desarrollan durante  la fiesta. A muchos nos llamaron  la atención los niños y niñas  de la banda de Rancho Tejas, Tlahuitoltepec;  pequeños de 7, 8 y 9 años  que al igual que los adultos, nos hicieron gustar los juegos, el jaripeo, las carreras de caballos siempre con el fondo de la música que nos recuerda, que estamos en la fiesta que se celebra a la Ascención del Señor.

 

Mientras se quemaban los castillos y resonaban los cohetes, las bandas de música imponían el ritmo de su música inconfundible. Los toritos se quemaban también al ritmo que imponía la banda.  Hasta la lluvia respetó el tiempo de la quema de los castillos, pues hasta que terminó de quemarse el primer castillo, empezó a llover, y todos los asistentes pudimos vivir lo que es una tradición fuertemente arraigada en la fiesta de todos los mexicanos: los castillos, los toritos, la banda de música.


Aunque hay momentos específicamente religiosos, como la misa, la celebración de las primeras comuniones o las mismas confirmaciones, los aspectos más fuertemente cristianos no se quedan en esos momentos ni encerrados en el templo, sino que trascienden toda la fiesta y se manifiestan como tequio, mano vuelta, compartir la comida, la bebida, gozar la música; en el respeto de muchos hombres y mujeres que dan mucho de lo poco que tienen, desinteresadamente.